domingo, 20 de mayo de 2018

Marco teórico para enmarcar la investigación sobre software libre


Pensando en ciertas soluciones que necesito y en la idea de que no soy el único que necesita resolver lo mismo (Parte por pensar en qué aplicarme para que mi trabajo tenga algún valor conociendo los problemas a resolver y quiénes o cuántos serían los beneficiados y parte pensando que si se me está presentando esa problemática, quizás alguien ya lo había resuelto), llegué a la interrogante de si se puede trabajar sobre lo ya realizado, o si cada quien que quiera resolver un problema con software debería iniciar desde cero.

Resulta que, en los inicios, realizar y compartir software era lo común, como ha sido el conocimiento en la historia de la humanidad, pero a principios de los años ochenta comenzaron a venderse las copias del software con restricciones antes inimaginables. Aunque compraras el software el único derecho que te transferían era el de usarlo. No lo podías copiar, no lo podías mejorar, de hecho, sin el código fuente; ni siquiera podías conocer su funcionamiento.

En septiembre de 1983 Richard M Stallman comenzó un movimiento de software libre que a estas fechas posee muchas de las herramientas de trabajo y entretenimiento que utilizamos habitualmente en cualquier computadora con software privativo, pero en versiones libres. De hecho, hay software libre que supera al software privativo en algunas de sus variantes.

A continuación, algunas citas para mi marco teórico:

A la mayoría de usuarios de programas de ordenador de hoy en día les parece perfectamente normal pagar al distribuidor no por el programa en sí, sino por el derecho a hacer un uso
limitado –por un tiempo limitado o en una máquina determi nada. Pero no siempre ha sido así

la mayor parte de los programas los desarrollaban los propios usuarios. A las empresas que vendían los ordenadores no les preocupaba lo que los usuarios hicieran con los sistemas operativos que acom pañaban a las máquinas, su negocio era vender y mante ner el hardware. Los programas, especialmente en las universidades, se copiaban y modificaban sin restricciones como cualquier otra pieza de conocimiento académico.

a principios de los años ochenta, las empresas quedistribuían software empezaron a obligar a sus clientes a firmar contratos de no divulgación, impidiendo a los usuarios compartir estos programas o las mejoras que hubieran hecho. Así, cada usuario tenía que pagar por el derecho a utilizar el software bajo unas condiciones cada vez más restrictivas, incluso cuando sólo había recibido una copia en formato binario y no el código fuente

Stallman partía de la convicción moral de que los usuarios tenían que tener el derecho a compartir el software, a estudiarlo y a modificarlo libremente como habían hecho durante años
Con esta convicción como bandera, Stallman dejó su trabajo en el MIT para poner en marcha el proyecto GNU en el año 1984, con la publicación del «GNU Manifesto»
1. La libertad de utilizar el programa sin ninguna restricción.
2. La libertad de estudiar el programa y adaptarlo a sus necesidades.
3. La libertad de hacer copias del programa para regalarlas o venderlas.
4. La libertad de mejorar el programa y hacer públicas estas modificaciones para que el resto de usuarios se pueda beneficiar de ello.
Jacovkis, D. (2009). El software libre: producción colectiva de conocimiento. IDP. Revista de Internet, Derecho y Política, (8), 4-13.

Cuando entré a trabajar en el Laboratorio de Inteligencia Artificial (AI Lab) del MIT en 1971, pasé a formar parte de una comunidad que compartía software y llevaba haciéndolo durante años. El acto de compartir software no se circunscribe a nuestra comunidad en particular: es tan antiguo como los propios ordenadores, lo mismo que compartir recetas es tan viejo como la cocina. Simplemente, nosotros lo hacíamos en mayor medida.
No llamábamos «software libre» a nuestro software porque el término no existía todavía; pero era exactamente eso. Cuando alguien de otra universidad o de otra empresa quería instalar y utilizar un programa, se lo prestábamos de buen grado. Si descubrías a alguien utilizando un programa poco habitual e interesante, siempre podías preguntarle por el código fuente, leerlo, modificarlo o canibalizar partes de él para montar un programa nuevo.
M., S. R. (2004). Software libre para una sociedad libre. Madrid: Traficantes de sueños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

COVID-19 Mis irresponsables predicciones

Comienzo diciendo que mis predicciones son resultado de la falta de información. Me gustaría ver gráficas creadas por expertos epidemiólog...